Me duelen las manos, casi no puedo escribir. Me pesan los parpados, mis ojos poco a poco se van cerrando. Mi mente no conserva la lucidez para ordenar las palabras como quisiera. Simplemente las voy pegando una a una, intentando crear las frases que expresen como me siento. Han pasado mil años o creo que fueron más. Yo sigo aquí, como el primer día en que te vi. Esperando como te prometí. La sangre que me recorre, ya no lo hace como antes. La vida que una vez viví, ya es un recuerdo del pasado. Si algo de la persona que fui queda en mi corazón, es gracias a ti. Y hoy recuerdo tus caricias en mi piel, la mirada de tus ojos claros. Aquella tarde de lluvia….
Gotas caían del cielo, que resbalaban por tu cara, que se mezclaban con mis lágrimas. Tu cuerpo tembloroso, en parte por el frío, en parte por el miedo a no volverme a ver. Aquel rincón de la ciudad donde nos despedimos por última vez.
- Solo será un tiempo, te prometo que nos volveremos a ver. – Me dijiste mientras acariciabas mi pelo.
- Mi amor, cualquier día que pase sin ti será un tormento.- te contesté mientras movía la cabeza en un gesto de negación.
- ¿Me dices mi vida que no serás capaz de esperar por mí? - preguntaste.
- Por ti esperaré hasta el fin de los tiempos, aunque tenga que vender mi alma a Mefistófeles, aunque tenga que encontrar la fuente de la eterna juventud.- Y tu sonreíste mientras con una mano me intentabas secar las lágrimas.
Nos besamos por última vez, con tanta fuerza que los labios se pusieron blancos, como si así nuestras lenguas quedaran tan juntas que se quedaran pegadas y no pudieras irte.
Llegó el taxi que te llevaría al aeropuerto, cuyo conductor cargo tus maletas, el que te abrió la puerta para que no te mojaras, aquel maldito taxi. Tu entraste corriendo y yo desde fuera me despedía viéndote a través del cristal empañado por la lluvia, con el vaho de tu respiración lo fuiste empañando más y en esa mancha dibujaste un corazón.
Esa fue la última vez que te volví a ver. Nunca llegaste a coger aquel avión. Aquel viejo coche no fue la mejor opción para una carrera hasta el aeropuerto con la cazada mojada. No quise ir a tu funeral, ni siquiera a tu entierro. Para mi no has desaparecido, solo se lastimó tu cuerpo. En algún lugar sigues ahí fuera. Algún día te encontraré. En la forma en que lo haga es lo de menos, pero lo haré. Un amor tan grande no se pierde con el tiempo. Y yo he encontrado la forma de eludir el final de mi existencia. Burlé a la dama de la guadaña, y es cierto que estoy cansado y que me duelen los ojos, pero me acuerdo de ti, y me animo a seguir adelante.
Tarde o temprano estaremos juntos, tu alma con la mía. Y nos quedará la eternidad para no volver a separarnos.

