Continuación del relato comenzado por Jezabel-21. Podeís leer la primera parte en el siguiente enlace:
http://www.lacoctelera.com/jezabel-21/post/2007/05/12/como-te-deseo
Sentados en el baño, a escondidas, nuestras manos se movían prestas al deseo. Mientras desabrochabas mis pantalones, yo recorría tu espalda con mis manos. Una de ellas se deslizó por debajo de tu blusa, mientras escalaba tu espalda. Con ella y con un rápido movimiento te desabroche el sujetador. Todo ello sin separar nuestras bocas ni un segundo. Con mi otra mano, pasé a acariciar tus pechos, sintiendo como el sujetador suelto se movía sin ninguna resistencia, permitiéndome masajearlos por detrás de este. La mano que antes recorría tu espalda, se abre paso por tu abdomen, subiendo lentamente, llegando a la sima te tus senos, sintiendo como los mismos se van endureciendo presa de la excitación. El deseo que nos une se puede apreciar en nuestros ojos, pues solo basta una mirada, para comprobar el calor que nos consume por dentro. Tú te mordiste el labio a sabiendas de que eso me volvía loco. Mi boca descompuesta, expresaba el placer que recibía a través de tus manos. Lo siguiente que hice fue desbrocharte la blusa, mientras tú hacías lo propio con la mía. Sin nada que cubriera el objeto del deseo que era tu pecho, y sin un sujetador que lo retuviera, mi boca empezó su trabajo pasando mi lengua entre ellos. Poco a poco fui subiendo por tus pezones, mientras llegaba a tu cuello, para acabar chupando el lóbulo de tu oreja. Cerrabas los ojos victima del placer y tu respiración se aceleraba. Un gemido se escapó entre tus labios. La puerta de la pasión se abrió entre nosotros, y para demostrarlo pasaste a devorar mi lengua, alternando tus mordidas con mis labios. Ya hacía tiempo que tu tacto era sentido por mi pecho, mientras bajaban por mi estomago. Una vez abiertos mis pantalones, introdujiste tus manos en mis calzoncillos, hasta sujetar mi sexo. Lo masajeabas lentamente, a sabiendas de la excitación que me invadía. Mi erección era evidente, y al mismo tiempo me mantenía preso de tus caricias. Una vez liberadas mis manos recorrieron tus muslos, acariciándote lenta pero fuertemente. Tus nalgas eran moldeadas por ellas. – Eres un loco tu también - , me decías mientras te quitaba la ropa interior, que se fue cayendo de tus piernas, para abrir paso a tu sexo. Acaricié tu cara, y con dos dedos de una mano, permití que tu lengua los humedeciera, para después ver como estos se dirigían hasta tu clítoris, masajeándolo, acariciándolo, jugando con el. Tu respiración se aceleraba, igual que tus movimientos sobre mi pene. Tu cuello era un manjar para mi boca, el cual saboreaba a cada roce con mis labios. Nuestra excitación llegaba al límite. La cumbre del placer se encontraba a un solo movimiento, tras el cual podrías sentirme dentro de ti. Tu señal no tardó en llegar, me la susurraste al oído:
- quiero sentirte en mi interior – y a continuación te levantaste de mis piernas, para apuntar con lo que tenias entre las manos la entrada de tu tesoro. Te fuiste sentando controlando el ritmo. La sensación más placentera se abría camino por las paredes de tu sexo. Éramos uno solo, y después de adaptarte a ese adorable intruso, tomaste las riendas de la situación, controlando el ritmo, decidiendo la velocidad y la profundidad con la que este se introducía.
Entrecerraste los ojos, y al mismo tiempo repetías mi nombre. No querías a otra persona en ese momento, solo me deseabas a mí, y yo estaba dispuesto a darte todo lo que te apeteciera. La delicia de este vaivén me volvía loco, pero mantenías tu sistema, sin dejar de besarme, salvo para poder respirar.
Habrá tercera parte.

La tercera parte de este relato se encuentra en este enlace http://www.lacoctelera.com/jezabel-21/post/2007/05/14/en-banos-de...
ESta muy chulo isra, jeje un beso
Como?? creo que estoy perdida....
El caso es que esta muy bien, je je.
Un beso