- ¿Queda mucho para llegar?- Me dices mientras nadamos en dirección a la cadena de bollas que limitan el espacio en la playa.
- Ya falta poco – contesto, y miro para calcular la distancia que puede quedar. Mentalmente calculo unos
Cuando llegamos a las bollas la orilla de la playa se ve lejana. Llena de sombrillas y toallas, y un grupo de niños que juegan a la pelota.
Nos agarramos a la cuerda que une cada uno de los corchos rojos para recobrar el aliento. Solo doscientos metros nos separan de la arena, pero a esta distancia nadie puede vernos con claridad, pues nuestros cuerpos dentro del agua solo permiten ver dos pequeñas cabezas en la lejanía.
Allí donde nadie nos puede molestar, nos empezamos a besar. Nuestros labios se juntan. El sabor salado del agua se mezclaba con nuestra saliva.
- ¿Qué te parece si nos quitamos los bañadores? Aquí nadie nos va a ver. – propongo. Me miraste como si te lo pensarás por un segundo, y acto seguido siento como utilizas tus pies para bajarme el slip. Hago yo lo propio con tu bikini, primero la parte de arriba y luego me meto debajo del agua para quitarte la parte de abajo. Mientras bajo por tu abdomen voy soltando burbujas de aire por la nariz, que hacen cosquillas en tu estomago. Una vez quitadas las prendas las atamos a la cuerda, para que no se vayan al fondo. ¡Menuda papeleta si tenemos que salir desnudos del agua!
Te mantienes agarrada a mi cuello mientras juntamos nuestros cuerpos desnudos dentro del agua. Yo me sujeto a la cuerda de las bollas para que no nos hundamos. Seguimos besándonos mientras nuestra piel se toca desnuda. Es una sensación súper excitante sentirse mecido por la marea. Una de tus manos se libera para agarrar mi sexo, el cual se mueve sin gravedad flotando entre tus piernas. Con ellas rodeas mi cintura, y aprovechando la libertad que da el no sentir el peso de ambos, te sientas con suavidad permitiéndome introducirme en ti. El agua no es un gran deslizante, pero aún así entra con suavidad, y siento tu suspiro a través de tu pelo mojado, el cual cae por tu cara. El subir y bajar de las olas propician el dulce movimiento que hace que prácticamente sin esfuerzo podamos realizar el camino que nos lleve al éxtasis. Pasas tus brazos por detrás de la cuerda poniéndote en una posición como de crucifixión, la cual hace que sobresalga un poco tu cuerpo del agua, cosa que aprovecho para posar mi cara en tu pecho, besando, lamiendo y mordiendo dulcemente tus senos. El agua esta fría pero nuestros cuerpos arden mientras seguimos a nuestro ritmo, el cual sin prisas pero con profundidad, se mezcla con el morbo de saber que a solo doscientos metros se encuentra un grupo de gente, sin percatarse de los gemidos que salen de nuestras bocas. Llega el momento en el que siento tus convulsiones, tus gritos se intensifican, y para evitar ser oídos te beso con pasión. Pasas tus manos por mi espalda mojada y me clavas las uñas hasta hacerme sangre. Esa mezcla de dolor y excitación hace que venga, haciéndote sentir mi simiente en tu interior. Y nos seguimos besando, casi sin aliento, mientras vemos como el sudor se mezcla con las gotas que aún bajan de nuestras frentes.
- Ha sido increíble – y sonrió todo lo que puedo mientras te lo digo.
- Lo se mi amor – me respondes, - como siempre lo habíamos deseado.

Puf... que acabo de llegar al curro.
Buen trabajo Isrra, me gusta mucho como escribes, sobre todo este tipo de relatos.
Un besazo.
Que mania el escribir el nombre con 2 r. PERDON.
jajajaja, no pasa nada, será el cansancio laboral. besos y gracias.
Me encanta tu relato, será porque puede ser una fantasía mía? jaj ya sé con quien llevarla a cabo jaja un besote
Me ha gustado muchísimo
es excitante y morboso
y hasta me hizo gracia en el momento que dijiste lo de volver desnudos a la playa jejeje
me ha encantado, en el mar, con un poco de oleaje... cuando clava las uñas, ha sido fascinante
Nos leemos
~Eva~